PLANEACIÓN SOCIAL, ECONOMICA Y POLITICA

Desarrollo y subdesarrollo. Definiciones y características

Un país desarrollado es aquel que posee altos niveles de calidad de vida y un amplio grado de desarrollo industrial y socioeconómico. Cuenta con un alto ingreso per cápita y un elevado índice de desarrollo humano.

Un país subdesarrollado es aquel que tiene un nivel bajo de calidad de vida respecto a otros países. Depende del sector agrícola, con escaso desarrollo industrial y presenta problemas socioeconómicos. Además, cuenta con un bajo ingreso per cápita, al igual que un bajo índice de desarrollo humano.

A los países con los índices más bajos de ingreso per cápita y de índice de desarrollo humano se les conoce también como países menos desarrollados.

País desarrollado

País subdesarrollado

Definición

Es aquel país que posee un alto nivel de calidad de vida, de ingreso per cápita, desarrollo industrial y socioeconómico.

Es aquel país que posee un nivel de calidad de vida, de ingreso per cápita y desarrollo industrial relativamente inferiores.

Características

  • Sector industrial desarrollado.
  • Alto niveles de calidad de vida e ingreso per cápita.
  • Alto índice de desarrollo humano.
  • Fuerte sistema de saludo y una baja tasa de mortalidad infantil.
  • Elevada esperanza de vida.
  • Población cuenta con acceso a la educación y bajo grado de analfabetismo en adultos.
  • Estabilidad política y la desigualdad social es menor que en los países subdesarrollados.
  • Dependencia del sector agrícola y poco del sector desarrollo industrial.
  • Bajo nivel de calidad de vida e ingreso per cápita.
  • Bajo índice de desarrollo humano.
  • Problemas en salud y mortalidad infantil.
  • Esperanza de vida menor a la de los países desarrollados.
  • Problemas de acceso a la educación y alto grado de analfabetismo en adultos.
  • Puede tener inestabilidad política y desigualdad social.

Producto nacional bruto

Igual o superior a USD 12 055.

Igual o inferior a USD 12 055.

Índice de desarrollo humano

Igual o superior a 0,80.

Igual o inferior a 0,79

EjemplosNoruega, Estados Unidos, Suiza, Islandia, Hong Kong, Australia, Holanda, Portugal, Italia, España, Japón, Canadá.Afganistán, México, Argentina, Sierra Leona, Chad, Costa Rica, Ghana, Ecuador, Turquía, Jamaica, Vie

Indicadores de desarrollo de los países subdesarrollados

Para el Banco Mundial, los países que cuentan con un producto nacional bruto per cápita anual superior a USD 12.056 son considerados como economías de altos ingresos. En 2018, el total de países arriba de esta cifra era de 81.

En cuanto al índice de desarrollo humano, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo considera que los países que alcanzan un grado de 0,80, poseen un índice de desarrollo humano calificado como “muy alto”. En 2018, se estimaba que 58 países alcanzaban este rango.

Características de los países desarrollados

  • Sector industrial y de servicios altamente desarrollados.
  • Altos niveles de calidad de vida.
  • Estabilidad política.
  • Fuerte sistema de salud y seguridad social.
  • Producto interno bruto per cápita y producto nacional bruto per cápita elevados.
  • Alto índice de desarrollo humano.
  • Alto nivel de empleo.
  • Bajos niveles de desigualdad socioeconómica.
  • Baja tasa mortalidad infantil y una larga esperanza de vida.
  • Altos niveles de escolaridad.

¿Qué es un país subdesarrollado?

Se conoce como país subdesarrollado, o país en vías de desarrollo, a aquel que tiene un producto interno bruto per cápita, un producto nacional bruto per cápita y un índice de desarrollo humano bajos en relación con otros países más desarrollados.

El subdesarrollo de estos países no se refiere simplemente a que se encuentren en una etapa previa al desarrollo; que un país sea subdesarrollado significa que, en ese momento particular, dicho país tiene una situación que no le permite alcanzar mejores estándares de calidad de vida y económicos.

Principales problemas en los países subdesarrollados

Estos países presentan una brecha en el reparto de la riqueza superior a la de los países desarrollados. Hay una mayor división social en lo que respecta al acceso a recursos.

Indicadores de desarrollo de los países subdesarrollados

Para el Banco Mundial, un país se encuentra en subdesarrollo o en vías de desarrollo si posee un producto interno bruto per cápita entre los USD 996 y USD 12.055. En total hay 103 países que se encuentran dentro de este rango.

En cuanto al índice de desarrollo humano, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo considera que los países que alcanzan un grado entre 0,50 y 0,79, poseen un índice de desarrollo humano “medio” o “alto”. En 2018, se estimaba que 92 países se encontraban dentro de este rango.

Características de los países subdesarrollados

  • Fuerte dependencia del sector agrícola y poco desarrollo industrial.
  • Convivencia de una economía de mercado y de subsistencia.
  • Bajos niveles de calidad de vida.
  • Presencia de cierto grado de inestabilidad política.
  • Producto interno bruto per cápita y un producto nacional bruto bajos.
  • Índice de desarrollo humano bajo.
  • Alta tasa de natalidad y de densidad poblacional.



La Revolución Industrial

La Revolución Industrial fue un proceso de profundas transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas que se desarrolló entre 1760 y 1840, y tuvo su origen en Inglaterra.
La Revolución Industrial marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Especialmente porque su impacto se extendió a todos los ámbitos de la sociedad.

La actividad industrial en nuestro país no es nueva. De hecho, se origina con la primera transformación de materias primas que tuvo lugar entre las culturas que poblaron nuestro territorio desde los tiempos prehispánicos.

Disciplinas como la artesanía, construcción, orfebrería, cerámica, tejido, y la elaboración de alimentos y bebidas, dieron lugar a los orígenes del sector industrial en México.

Fue con la llegada de los españoles, alrededor del año 1519, cuando la industrialización comenzó a configurarse de manera más profunda. En esta parte se empezaron a desarrollar industrias que tenían la finalidad de explotar los recursos mineros, principalmente, con una serie de actividades correlacionadas.En la etapa de la Conquista (1521 a 1525), se comenzó a permear nuevo conocimiento hacia esos sectores. Industrias como la minera, textil, tabaco, del jabón y la pólvora, entre otras, se desarrollaron. También comenzó una fuerte inmigración —mayoritariamente de españoles—, que crearon los incipientes mercados de consumo, lo que tuvo como consecuencia la catalización de la industria de la transformación como nunca antes.

Auge del sistema eléctrico

Durante esta época, la generación de energía eléctrica en el país empezó una etapa de consolidación importante. En San Luis Potosí se implementó el primer sistema de alumbrado  en 1877; en Sinaloa se construyó la primera planta de energía eléctrica; en marzo de 1883, la Ciudad de México inició también su sistema de alumbrado público; y finalmente, en el mismo año, en Guadalajara y San Luis Potosí también se realizaron las instalaciones eléctricas públicas.

Estos y otros acontecimientos económicos y políticos, dieron pauta para que el país entrara en una etapa de industrialización, lo que le facilitó en gran medida su entrada a la arena del comercio internacional.

El comercio, durante la etapa central del Porfiriato, tuvo un notable crecimiento, ya que estuvo orientado de manera fundamental a satisfacer las demandas de productos mineros y agropecuarios requeridos por el mercado internacional. Metales preciosos como la plata y el oro, cobre, plomo; fibras derivadas del henequén; materias primas como el caucho, pieles, maderas finas, maderas para construcción; alimentos como garbanzo, chile, café, frijol, vainilla y azúcar; y una serie de animales de registro, fueron parte de ese intercambio comercial.

A principios de 1895, las inversiones eran mayormente de capital privado extranjero y parte de capital privado mexicano. Los rubros que tuvieron mayor auge en este sentido fueron papelería, textiles, calzado, alimentos, cigarros, loza y vidrio, productos químicos; cemento y siderurgia. Éste último fue fundamental para el desarrollo del país.

A raíz de la Revolución Mexicana y con el fin de la etapa del Porfiriato, el país sufrió un estancamiento importante en materia industrial, la mayor parte de las políticas públicas estuvieron orientadas al campo y en cómo redistribuir la tierra con fines agrarios.


El nacimiento del capitalismo. Neoliberalismo

La genealogía del neoliberalismo en México es más intrincada y extendida de lo que habitualmente se cree. No se remonta a la aplicación de las medidas de austeridad dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) tras la crisis de 1982 ni tampoco al famoso Consenso de Washington de 1989. Más aún, la también renombrada reunión en Mont Pélerin a finales de los años cuarenta o la notoriedad pública de Milton Friedman y la escuela de Chicago en los años setenta no representan tampoco el inicio mundial de esta hoy poderosa corriente de pensamiento económico y social. La trayectoria del neoliberalismo en México, aunque también en Europa, es el objeto del libro de Romero Sotelo, una historia en que se entremezclan intelectuales, políticos y empresarios industriales y de las finanzas.

Sin duda, el mayor artífice del neoliberalismo es Ludwig von Mises quien desde los inicios de la década del veinte atacará desde la trinchera de sus escritos el proyecto socialista, vale decir, a pocos años de haberse consumado la revolución en la Rusia zarista. Ideológicamente, la ecuación que definirá al economista austriaco es su inveterado anticomunismo, como insistirá la autora del libro, que se justificará con el postulado de que el cálculo económico resulta imposible en una economía planificada por el Estado y, consiguientemente, que el dirigismo estatal no puede generar una adecuada asignación de los recursos y que, peor aún, nulifica la libertad del individuo.

En términos teóricos, esta postura impugnadora implica una perspectiva, pero no de manera exclusiva, antimarxista, a pesar de que el marxismo, por lo menos el del propio Marx, nunca identificó el proyecto socialista con la omnipresencia económica del Estado. En este terreno, es decir, en el de la teoría, es más relevante la crítica de los marginalistas, incluido von Mises, a la teoría clásica del valor trabajo, piedra angular de todo conocimiento científico económico, y su remplazo por una propuesta del valor basada en la utilidad que cada agente económico atribuye a un bien y cuya verificación tiene lugar en el mercado a través del proceso de determinación de los precios. La sustitución del mercado por la planificación estatal constituiría entonces un contrasentido económico que suprime el principio fundamental de toda la arquitectura liberal, el de la liberdad individual. Aquí radicaría la acción legítima del Estado, la de garantizar dicha libertad así como proporcionar seguridad a los propietarios. No obstante, como lo ha explicado Macpherson, cuando los términos del binomio libertad-seguridad entran en contradicción, los (neo) liberales no dudan en suprimir al primero en nombre de la protección del derecho sacrosanto a la propiedad. Hasta aquí, en lo que respecta a la primacía del mercado en el establecimiento del orden social, parece no haber gran originalidad en el pensamiento de los austriacos von Mises o Hayek respecto a las teorías del liberalismo clásico de John Locke en el siglo XVII o de Adam Smith en la centuria siguiente. Los neoliberales del siglo XX entendían muy bien, subraya María Eugenia, que las lecciones de sus mentores de épocas pasadas no podían ser sostenidas sin modificaciones: “Ya no es el Estado de quien se desconfía y cuya debilidad se desea, el Estado mero celador y árbitro del siglo XVIII; es un Estado fuerte cuyo papel es importante, con funciones múltiples e intervenciones repetidas” (Louis Baudin, citado por Romero Sotelo, p. 39).

A inicios del siglo XX, la renovación del liberalismo tendrá como una de sus figuras centrales a Friedrich von Wieser -von Mises fue su alumno- quien introducirá el tema del poder y el de la desigualdad en el análisis económico. El eje de la redefinición de los postulados de la teoría económica radicará en lo que será denominado abuso de poder y en la necesidad, no de abolir el capitalismo sino de corregirlo evitando tal abuso. En este punto es donde anclarán sus naves teóricas los “austriacos”: el desafío consistirá en frenar “el abuso de poder removiendo las restricciones a la competencia que emanan de la monopolización, el intervencionismo estatal y la ignorancia”. Por lo menos los dos últimos ámbitos pueden ser rastreados en la producción intelectual de la escuela austriaca a través del libro reseñado. Probablemente sean conocidos, los contenidos básicos de la obra teórica de von Mises y de su discípulo F. Hayek, ambos austriacos, pero su exposición es indispensable para que Romero Sotelo explique las condiciones de su recepción en México.

Si los primeros textos de von Mises tienen como contrincante a los pasos iniciales del Estado soviético en la planificación económica, la década del treinta le abrirán nuevos frentes de batalla. Varios años antes de la publicación de la Teoría general de Keynes en 1936, al calor de las dramáticas secuelas de la crisis de 1929, los gobiernos de diversas latitudes adoptarán políticas heréticas respecto a la ortodoxia económica. En lugar de ajustar el gasto público a los ingresos menguados por la gran depresión, no sólo lo expandieron, sino que además intervinieron en amplios segmentos de la producción. A los ojos del neoliberalismo, se trataba de una genuina herejía que concluiría fatalmente en un desastre económico. Unos años más tarde, durante la posguerra y los llamados “treinta gloriosos”, se agregaría una fuente novedosa de oposición enconada para los neoliberales, el de la implementación de las instituciones previsionales administradas por los estados en Europa occidental y de manera más parcial en Estados Unidos. Los estados de bienestar, se alegará, reducen la libertad al decidir una instancia pública la proporción del ingreso individual que será ahorrada para gastarla en el futuro o incluso se cuestionará que la medicina social restringe la libertad de elegir al facultativo. De ese tema se ocupará particularmente Milton Friedman durante la era Reagan.

México no escapaba a esa reformulación de las funciones y ámbitos de intervención del Estado. Desde 1932, las autoridades hacendarias adoptaron políticas anticíclicas que permitieron revertir en poco tiempo el impacto de la gran depresión. Este keynesianismo mexicano, como lo ha denominado Alan Knight, despertó una feroz oposición que se intensificó durante los años del cardenismo. El reparto agrario que durante este sexenio rebasó crecidamente la suma total de hectáreas distribuidas desde la ley del 6 de enero de 1915 y la expropiación petrolera constituyeron los momentos más radicales de la agenda reformadora de la facción triunfante de la Revolución. Fue la coyuntura que suscitó la crítica más acerba de ciertos intelectuales y hombres de negocios. En este punto es donde la investigación de María Eugenia adquiere mayor fecundidad porque logró conjuntar y articular fuentes documentales poco o nada conocidas que abarcan más de medio siglo de la historia de México del siglo XX. A través de ellas, logró identificar a los actores principales del neoliberalismo en este país, así como las redes que los vincularon y las instituciones que fueron fundando para organizarse y proporcionar continuidad a sus planteamientos.

El pionero fue, sin lugar a dudas, Luis Montes de Oca quien ocupó puestos de primera línea en la administración pública de los años veinte y treinta. Fue él quien en primer lugar leyó la producción de la escuela austriaca, misma que le proporcionó los argumentos para sistematizar su desacuerdo con las politicas emprendidas desde inicios de la década del treinta. Esta seria desavenencia lo conducirá al igual que a un sector considerable de la derecha mexicana a respaldar abiertamente la candidatura de Almazán durante la polarizada coyuntura electoral de 1940. Un año después Montes de Oca invita a von Mises a dictar conferencias en México. Éstas se verificaron al año siguiente. Resultado de la estancia en el país, el economista austriaco, exiliado en Estados Unidos, escribirá el ensayo “Problemas economicos de México”, auténtico panegírico contra el régimen cardenista y, en general, contra el marco jurídico enunciado en la Constitución de 1917. María Eugenia reproduce ampliamente este escrito que en uno de sus párrafos destaca que un país con pobres recursos naturales y capital, sólo puede competir en el concierto mundial gracias a su mano de obra barata. Varios decenios después, el comentario de von Mises devino política de Estado y eslabón de la integración subordinada a la economía estadunidense.

Queda evidenciado en la narrativa de Romero, cómo a partir de la segunda mitad del cuarenta, aquello que había sido una postura crítica y de oposición al régimen económico y político se convierte en un proyecto alternativo encaminado a conquistar posiciones de poder susceptibles ya no sólo de modificar las políticas instrumentadas por los gobiernos, sino de diseñarlas y dirigirlas.

En efecto, varios hitos van señalizando esa trayectoria y esa voluntad política. Por un lado, la creación de la Asociación Mexicana de Cultura en 1946 cuyo objetivo es el de “promover la educación”, institución que patrocinará poco después la fundación del Instituto Tecnológico de México, mismo que en la década del sesenta adquirirá autonomía para convertirse en ITAM. Es indudablemente una estrategia de formación de las elites que en las propuestas de von Mises adquirió una importancia crucial: “La enseñanza de la economía también fue una de las prioridades de von Mises, pues mediante ella se podría crear una elite intelectual que difundiera y defendiera la ortodoxia”. Sentenciaba uno de sus más connotados impulsores, Raúl Baillères: “Vamos a preparar muchachos que dentro de treinta o cuarenta años puedan hacer la transformación de un país estatista a un país liberal capitalista”. Como bien apunta, María Eugenia, logró su objetivo con creces. Se trata adicionalmente de impugnar la legitimidad científica de la Escuela Nacional de Economía con la que los miembros de la Asociación mantendrán una reiterada posición crítica y de denostación, tal como lo reseña la autora.



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