GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA
Concepto de globalización
La globalización es un fenómeno basado en el aumento continuo de la interconexión entre las diferentes naciones del mundo en el plano económico, político, social y tecnológico.
El uso de este término se utiliza desde los años ochenta. Es decir, desde que los adelantos tecnológicos han facilitado y acelerado las transacciones internacionales comerciales y financieras. Y por esta razón, el fenómeno tiene tantos defensores —como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial— como detractores.
En este proceso se da una interdependencia económica, donde las empresas y los mercados sobrepasan las fronteras nacionales y alcanzan una dimensión mundial.
Es un proceso especialmente económico, donde se va produciendo una integración de las economías nacionales, provocando un incremento en el volumen y complejidad de los intercambios de bienes y servicios en la economía mundial.
América Latina en el concierto global
Se ha dicho que el pensamiento latinoamericano es la historia de los intentos por armonizar modernización e identidad. Desde su origen la CEPAL ha buscado participar en esta empresa al plantear, simultáneamente con la especificidad de las situaciones regionales, la necesidad de una transformación productiva con equidad social y, más recientemente, con sostenibilidad ambiental. La globalización es el contexto en que hoy se plantea esta tarea y el presente libro se inscribe en dicha trayectoria. Se trata, pues, de un análisis crítico de las posibilidades que ofrece la globalización al mundo en desarrollo, pero también de las asimetrías y riesgos que la caracterizan y que pueden obstaculizar los procesos de desarrollo en ausencia de un marco institucional apropiado de carácter nacional, regional y global.
Aunque las consideraciones conceptuales que aquí se hacen toman como punto de partida una región particular del mundo en desarrollo cual es América Latina y el Caribe, la reflexión tiene aspiraciones analíticas más amplias y, por ello, creemos que puede ser de utilidad para otras regiones. La globalización económica tiene raíces históricas profundas. Su fase actual presenta características comunes con etapas previas, pero también elementos diferentes: el acceso masivo a la información en tiempo real; la planeación global de la producción de las empresas transnacionales; la extensión del libre comercio, aún limitado por múltiples formas de proteccionismo en el mundo industrializado; la contradictoria combinación de una elevada movilidad de los capitales y fuertes restricciones a la migración laboral; la evidencia de una creciente vulnerabilidad e interdependencia ambientales, y una inédita tendencia a la homogeneización institucional. Sin embargo, esta homogeneización de las reglas es sesgada, debido a que únicamente los actores internacionales más poderosos han logrado imponer sus intereses.
El hecho de que el espacio político continúe siendo esencialmente nacional tiene, por otra parte, implicaciones profundas para el ordenamiento internacional. En particular, implica que el fomento de la democracia como valor universal sólo adquiere sentido si se permite que los procesos nacionales de representación y participación determinen las estrategias de desarrollo económico y social, y ejerzan una mediación eficaz entre los sectores diferencialmente afectados por el proceso de globalización. Diversos aspectos de la globalización ofrecen significativas oportunidades a los países en desarrollo: de acceder a mercados más amplios, de disponer de capitales y tecnologías procedentes del resto del mundo, pero también de defender los derechos humanos y otros valores universales. Frente a estas oportunidades, el mayor riesgo es quizás la marginación del proceso. Empero, al mismo tiempo, la globalización implica riesgos originados en nuevas fuentes de inestabilidad (tanto comercial como, especialmente, financiera), riesgos de exclusión para aquellos países que no están bien preparados para las fuertes demandas de competitividad propias del mundo contemporáneo, y riesgos de acentuación de la heterogeneidad estructural entre sectores sociales y regiones dentro de los países que se integran, de manera segmentada, a la economía mundial. El aprovechamiento de las oportunidades y la atenuación de los riesgos dependen de las estrategias nacionales y regionales de inserción en este proceso, y de la naturaleza de las instituciones globales en las que dichas estrategias se enmarcan. Esto implica que, frente a la compleja realidad que plantea la globalización, la respuesta más razonable es una agenda positiva.
La historia demuestra, por lo demás, que la sola resistencia a procesos tan profundos a la larga siempre es estéril. Pero también implica que la globalización no puede verse como un fenómeno natural inmodificable, respecto del cual sólo cabe lamentarse o suscribir un contrato de adhesión. La existencia de distintas alternativas de ordenamiento global está corroborada por la propia historia del proceso de globalización, así como por la variedad de modalidades de desarrollo e integración a la economía global que han seguido diferentes países industrializados o en desarrollo. El libro está organizado en cinco capítulos. En el primero se destaca el carácter multidimensional de la globalización, se inscribe la fase actual dentro del proceso histórico de internacionalización de la economía mundial y se examinan de manera sucinta sus dimensiones sociales, políticas y culturales. En los dos capítulos siguientes se pasa revista a la evolución de las facetas económicas del proceso de globalización.
Desde la creación del Índice Elcano de Presencia Global, América Latina ha tenido una presencia creciente. Inicialmente sólo se calculaba el índice de los seis países con mayor PIB de la región, los tres del G-20 (Argentina, Brasil y México), más Chile, Colombia y Venezuela. En 2014 se unió Perú y para 2015 está previsto que se sumen Ecuador, República Dominicana y Cuba. Hoy hay tres países de Mercosur y los cuatro de la Alianza del Pacífico. La primera conclusión de la última edición del Índice es que el comportamiento de los países latinoamericanos difiere del de otros emergentes, teniendo los latinoamericanos un menor protagonismo en presencia global, tanto a nivel agregado como en las distintos dimensiones (presencia económica, militar y blanda). Esto habla de la peculiar manera de los países latinoamericanos de vincularse al mundo globalizado y proyectarse hacia él.
Un análisis comparado de los valores de presencia global con métricas del poder muestra que en términos generales EEUU y algunos miembros de la UE (Alemania, Italia y España), ejercen un poder situado por debajo de la media, mientras ciertos países emergentes y potencias regionales han capitalizado su presencia global transformándola en poder (China, India, Indonesia, Israel, Pakistán, Turquía o Vietnam). Siete de los diez países con mayores incrementos de presencia global entre 2012 y 2013 son emergentes (Qatar, China, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Nigeria, Rusia, Singapur y Turquía).
Sin embargo, en ese grupo no hay ningún latinoamericano, comenzando por Brasil y México. En la edición 2014 del Índice de Presencia Global, Brasil es el primer país de América Latina y pasa del puesto 17 al 19 (con una presencia global total de 106 puntos), mientras México se mantiene el 23º (con 79,6). El siguiente es Venezuela, 40º (39,1), mientras Argentina desciende del 41 al 42 (36,8). Chile permanece 46º (33,2), Colombia 52º (28,4) y cierra la lista regional Perú, 57º (17,8).


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