CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS DE MÉXICO

Comercio exterior

México es altamente dependiente del comercio exterior, que representó el 78% de su PIB en 2020 (Banco Mundial, últimos datos disponibles). El país exporta principalmente automóviles (11,1%), computadoras (6,7%), piezas de vehículos (6,5%), camiones de reparto (5,5%) y petróleo crudo (5,5%). En cuanto a las importaciones, las principales compras de México son los circuitos integrados (6,8%), el petróleo refinado (6,7%), las piezas de vehículos (6,3%), las piezas de máquinas de oficina (3,8%) y los automóviles (2,2%). Según las previsiones de comercio exterior del FMI, el volumen de las exportaciones de bienes y servicios aumentó un 7,7% en 2021 y se espera que alcance el 5,6% en 2022, mientras que el volumen de las importaciones de bienes y servicios aumentó un 17,3% en 2021 y se espera que aumente un 7,3% en 2022.


México depende considerablemente de sus relaciones comerciales con su principal socio comercial, Estados Unidos, que representa más de tres cuartas partes de las exportaciones del país. Otros destinos para las exportaciones de México son la UE (6,7%) y Canadá (4,4%). En cuanto a las importaciones, los principales orígenes son Estados Unidos (54,4%), China (14,4%), la UE (11,3%) y Japón (2,9%). México ha firmado una docena de acuerdos de libre comercio con unos cuarenta países diferentes del mundo. Otras ventajas comerciales de México son el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (que sustituyó al TLCAN en 2020), su acuerdo de libre comercio con la Unión Europea desde 2000, un acuerdo comercial con Japón desde 2005 y la fundación en 2012 de la Alianza del Pacífico junto con Colombia, Chile y Perú.

Aunque la balanza comercial de México es estructuralmente negativa, el país ha estado registrando un superávit comercial en los últimos años. En 2020, las exportaciones de bienes y servicios disminuyeron en un 7,3%, y llegaron a los USD 434.400 millones; mientras que las importaciones se redujeron un 14,8%, y llegaron a USD 418.200 millones, lo que llevó la balanza comercial a un superávit de USD 34.400 millones. Esto se debió principalmente a la fortaleza continua de la industria de automóviles (tanto de vehículos de motor como partes de vehículos) y el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que aumentó las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.



Distribución del ingreso nacional

Las dos fuentes de datos más importantes para determinar la cantidad de ingresos que las familias mexicanas percibieron en un año determinado son la ENIGH y el sistema de Cuentas Nacionales, ambas elaboradas por el INEGI. Es de notar que éstas poseen diversas diferencias metodológicas y de definición. Por ejemplo, la ENIGH tiene capacidad de hacer estimaciones según características de la vivienda, del hogar o de sus integrantes y, en cambio, el sistema de Cuentas Nacionales son estimaciones macroeconómicas que no permiten ese nivel de desagregación pero que arrojan las cifras oficiales para determinar la evolución de la economía del país. El porqué de esta mención se hará evidente a continuación.

Total de ingresos por salarios

Para determinar la cantidad de ingresos que se percibieron en el 2012 por trabajo subordinado o asalariado, se deberán identificar cuáles fuentes de ingresos encontradas dentro de la ENIGH 2012 se ajustan a la definición de dicho término. En el documento metodológico de la ENIGH 2012, se podrán encontrar que, de las claves P001 al P020, están catalogados los ingresos como:

  • Ingresos monetarios del trabajo principal para subordinados
  • Ingresos por negocios del hogar, trabajo principal 
  • Ingresos monetarios del trabajo secundario para subordinados
  • Ingresos por negocios del hogar, trabajo secundario
  • Ingresos del trabajo secundario provenientes de las cooperativas, sociedades y empresas que funcionan como sociedades.

Por lo tanto, con la información anteriormente descrita y con la del Banco de Información Económica(BIE), se creó el Cuadro 1, el cual compara las cifras totales de ingresos monetarios por trabajo subordinado (de la ENIGH) y su similar de remuneraciones a asalariados (de Cuentas Nacionales). Como principal punto a destacar, se percibe que la primera fuente de información reporta menos ingresos que la segunda. Las cifras ahí reportadas son el agregado total a nivel nacional (i.e. cuánto se pagó en total en el 2012 por concepto de ingresos por trabajo subordinado en el país).

Entre lo reportado en la ENIGH 2012 y en el BIE, existen 1’828,759.3 millones de pesos (mdp) faltantes, lo que representa un 43.0% de diferencia (utilizando como base lo reportado por el BIE, expandido a valores del 2012). Lo anterior se debe, principalmente, a 3 razones:

1. Un subreporte sistemático de los ingresos por parte de los encuestados de la ENIGH 2012.

2. Los mismos encuestados reportan sus ingresos netos (sin impuestos, aunque éstos sean parte de su ingreso), especialmente cierto para los ingresos por trabajo subordinado (donde el patrón tiene la obligación de retener los impuestos por sus trabajadores).

3. Un diseño de la muestra de la ENIGH 2012 donde los hogares que más perciben ingresos no están debidamente representados.

Especialmente por la razón no. 2, se utilizó el Simulador Fiscal del ISR del CIEP para recuperar los ingresos brutos de la ENIGH 2012 por trabajo subordinado, y así realizar nuevamente la comparación anterior (ver Cuadro 3 para observar el supuesto de formalidad utilizado). También en el Cuadro 1, se muestran los resultados una vez realizado el ajuste antes descrito.

Hecho lo anterior, se puede apreciar que el faltante se redujo de 1’828,759.3 a 1’634,655.5 mdp, lo que equivale un 38.4% de diferencia aún (utilizando como base lo reportado por el BIE, expandido a valores de 2012). Existen metodologías para lidiar con el subreporte de los encuestados (razón no. 1) y con el segmento subrepresentado de los ingresos más altos (razón no. 3); sin embargo, para fines del presente boletín, no haremos más ajustes a los ingresos reportados en la ENIGH 2012. Si se agrega el resto de los ingresos (ingresos ajenos al trabajo subordinado, tales como por renta de la propiedad, transferencias, percepciones financieras y de capital, así como por negocios propios), la cifra total de ingresos asciende a 3’215,770.1 mdp.




 Ingreso, gasto y déficit gubernamental.

En México, la reducción del déficit del sector público ha sido un objetivo permanente de la política económica desde el 1 de diciembre de 1982, cuando se instrumentó el Programa Inmediato de Reordenación Económica (PIRE). El fundamento teórico de las medidas de saneamiento fiscal impulsadas por el gobierno desde aquel entonces se encuentra en el denominado enfoque fiscal de la inflación. De acuerdo con éste, una de las principales fuentes de inestabilidad en los precios radica, precisamente, en un déficit público persistente y excesivo. En ese contexto, factores como la ineficiencia en la recaudación de impuestos, el escaso desarrollo de los mercados financieros domésticos, la limitada capacidad de endeudamiento gubernamental en el exterior y el bajo costo que entraña el señoriaje en comparación con la contratación de pasivos internos y externos han orillado eventualmente a países en desarrollo, como México, a sobreemitir dinero -y, por ende, a generar inflación- para poder financiar la brecha entre los gastos y los ingresos públicos.

Por supuesto, además de inflación, un déficit fiscal de magnitud considerable engendra una deuda pública creciente. En el caso del endeudamiento interno, las emisiones masivas de instrumentos de deuda gubernamentales en el mercado financiero local presionan las tasas de interés a la alza y disminuyen la oferta doméstica de fondos prestables para el sector privado. En el caso del endeudamiento externo, tanto la solicitud de créditos a organismos financieros multilaterales y bancos transnacionales, como la colocación de bonos globales en mercados financieros foráneos pueden generar escasez de divisas en situaciones límite, crisis en el sector externo de la economía y macroajustes cambiarios. Asimismo, el déficit y la deuda consolidada del gobierno pueden conducir no sólo a problemas de liquidez y de solvencia, sino a incrementos en los impuestos que desincentiven el consumo, la inversión privada y el crecimiento económico en el largo plazo.

La finalidad del presente trabajo consiste en analizar a grandes rasgos la problemática fiscal del país, la necesidad de una reforma hacendaria que fortalezca la recaudación y amplíe la base gravable, y los efectos de una caída en el déficit público sobre las tasas de interés, el tipo de cambio, la inflación y el crecimiento económico. Adicionalmente, se hace una reflexión acerca de los principios fundamentales que podrían orientar una reforma del sistema hacendario en nuestro país.

El presente artículo se divide en cuatro secciones. La primera analiza los efectos del déficit fiscal en la economía, con base en un sucinto análisis de la literatura reciente. La segunda examina algunos indicadores importantes en torno del déficit fiscal y la deuda pública en México. La tercera recurre tanto a la teoría como al análisis empírico para intentar visualizar las repercusiones básicas, principalmente de corto plazo, que tendría una reforma fiscal que redujera el déficit del sector público. La cuarta sección versa acerca de los criterios generales que podrían orientar una eventual reforma fiscal en México. Finalmente, se hace la presentación de las conclusiones.

Las corrientes teóricas sobre los efectos del déficit fiscal en la economía son esencialmente cuatro: a) la keynesiana; b) la de la equivalencia ricardiana; c) la tradicional; d) la del riesgo país. En esencia, la teoría keynesiana establece que una política fiscal expansiva alimenta la demanda agregada y estimula, por esa vía, el crecimiento de la economía. En el modelo keynesiano estático, con precios inflexibles y márgenes amplios de capacidad instalada ociosa, la producción aumenta de manera considerable sin que la inflación se dispare. Algunos estudios recientes, como los de Sutherland (1997) y Perotti (1999), señalan que la política fiscal surte efectos positivos en la actividad económica solamente cuando la deuda gubernamental se ubica en niveles relativamente bajos. En una investigación empírica más reciente, basada en el comportamiento de cinco economías de la OCDE, el propio Perotti (2002) concluye que los efectos del déficit fiscal en el PIB se han tornado demasiado tenues en las últimas dos décadas.

De acuerdo con la teoría de la equivalencia ricardiana (ER), encabezada por autores como Barro (1974), Plosser (1982, 1987) y Evans (1985, 1987a, 1987b), un aumento o disminución del déficit fiscal no surte efecto alguno sobre las tasas de interés ni sobre el crecimiento de la economía. La explicación de ello radica en que los agentes económicos saben que una política fiscal expansiva desemboca en una mayor deuda pública y, eventualmente, en incrementos impositivos para hacer frente a los crecientes pasivos del gobierno. La expectativa de impuestos más elevados (derivados del crecimiento en el déficit fiscal) provoca que los individuos ahorren más, dado que un mayor ahorro les permitirá conservar sus niveles de bienestar cuando las tasas impositivas se ajusten. De esa manera, los autores referidos postulan que el ahorro doméstico privado (u oferta de crédito) aumenta en la misma medida que el déficit fiscal (o demanda de crédito), por lo cual las tasas de interés, la inversión doméstica privada y el crecimiento de la economía permanecen sin cambios en el largo plazo.

Por otra parte, la llamada teoría tradicional, señala que una expansión del déficit fiscal eleva tanto los precios como las tasas de interés y desincentiva, por ese medio, el crecimiento de la economía. Asimismo, al aumentar los rendimientos en moneda doméstica se propicia una mayor entrada de inversión extranjera de cartera y una apreciación del tipo de cambio. Una contracción del déficit fiscal, contrariamente, favorece que las tasas de interés caigan y que la economía crezca, al tiempo que induce salidas (o menores entradas) de capital y depreciaciones monetarias. Es procedente señalar que la corriente teórica tradicional proviene de la versión moderna del modelo de Mundell y Fleming (1987), que supone la existencia de una economía pequeña o mediana, con libre movilidad de capital y tipo de cambio flexible. Entre los trabajos recientes que suscriben esa corriente de pensamiento se pueden listar los siguientes: Blanchard (1981, 1984, 1985), Blanchard y Dornbusch (1984), Branson, Fraga y Johnson (1985), Dornbusch (1986), Feldstein (1984) y Reinhart y Sack (2000:175).



Inflación, devaluación, deuda externa y crisis económica



La evolución de la Inflación anual desde el año 1970 hasta la fecha actual, tanto en México como en U.S.A. Se toma como base el año de 1970, último de gobierno del Lic. Gustavo Díaz Ordaz, pues se considera a éste, como el final de una etapa de crecimiento estable sin inflación, denominada Desarrollo Estabilizador y prácticamente el fin del que se llamó Milagro Mexicano

Al tomar posesión del gobierno Luis Echeverría Álvarez en 1971, se inició una nueva etapa de 12 años, supuestamente denominada de Justicia Social, en la cuál se criticaban las políticas anteriores por considerar que existía un injusto reparto de la riqueza. De esta forma dio inicio un período en el que el control de la Inflación pasó a segundo término y por lo mismo el diferencial de la misma comparada con U.S.A. comenzó a crecer de manera importante.

Hasta 1970 y por un lapso de 22 años, la inflación en México se mantuvo estable, dentro de un rango de 3 a 5% anual, generalmente igual y quizá, en alguno de aquellos años anteriores al 70, hasta menor que la de Estados Unidos; por lo mismo el tipo de cambio del peso contra el dólar, también se mantuvo estable y a razón de $12.50 pesos por dólar, considerándose al peso como moneda fuerte, incluso para intercambio internacional.

Por el contrario el período de 12 años correspondiente a Luis Echeverría y José López Portillo, se caracterizó fundamentalmente por lo siguiente:

  • Un incremento excesivo del Gasto Público, (Gasto corriente gubernamental), provocó que los egresos excedieran a los ingresos, por lo cuál hubo de financiarse con Deuda Interna, Deuda Externa e Impresión de Billetes.

  • En gran parte, el desequilibrio de las finanzas del gobierno se inicia cuando éste decide acelerar indiscriminadamente, la supuesta Nacionalización de Empresas, de todos tipos, las cuales fueron adquiridas y expropiadas utilizando fondos públicos. Esto sin contar que al ser mal administradas, generaron gigantescas pérdidas y por lo mismo, un mayor déficit presupuestal.

  • También como consecuencia del exceso de Gasto Público, aumentó el Circulante, o sea el total de dinero en efectivo y cheques que circula en todo el país. Esto a su vez genera alto poder de compra y por lo mismo hay incremento en la demanda de productos en el mercado y por la misma razón (ley de la Oferta y la Demanda) incremento de los precios.

  • Con el aumento de precios se inicia el ciclo inflacionario, la gente comienza a perder poder adquisitivo, el gobierno de corte populista decide aumentar los salarios para compensarlo y así se inicia y continúa la espiral inflacionaria sin control.

  • Los aumentos de salarios, nunca son suficientes y jamás logran alcanzar a los precios, por lo mismo el pueblo en general pierde poder adquisitivo. La Justicia Social no se da y el injusto reparto de la riqueza amplía más su brecha, los ricos son más ricos y los pobres aún más pobres. (Los ricos se benefician por el aumento generalizado en las tasas de interés que el gobierno se ve obligado a aumentar para evitar la fuga de capitales o bien precisamente por el conocimiento de información privilegiada que les permite cambiar su dinero a dólares, antes de que se de una devaluación brusca de la moneda)

  • La diferencia de inflaciones de México-U.S.A. acumulada durante varios años, sin ningún ajuste del tipo de cambio, sobrevalúa al Peso; es decir el Peso Mexicano, puede comprar mucho más en el extranjero, que aquí. Los productos extranjeros se abaratan y crece el contrabando. Por el contrario las Exportaciones disminuyen, al aumentar los costos de producción y encarecerse la fabricación de productos hechos en México. La entrada de divisas cae y bajan las reservas.

  • Ante la falta de acción oportuna del Gobierno y las tendencias socializantes de la Economía, los analistas económicos observan el crecimiento alarmante del endeudamiento exterior, aunado a la sobrevaluación de la moneda y todo esto da lugar a una compra masiva de dólares, para protegerse de una inminente devaluación de la moneda.

  • Ante la fuga de capitales, se agudiza la crisis, los niveles de sobrevaluación son insostenibles, el Gobierno se queda sin divisas que respalden su moneda y por lo tanto decide devaluar.








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